Cuando pierdes tu centro

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Todos tenemos una vida que vivir, con sus cosas buenas y sus malas, con sus alegrías y sus penas; pero es tú propia vida. Si enfocas tu vida en otra persona, la pierdes, regalas tu existencia a alguien que no la necesita, porque, como ya sabrás, vive su propia vida.

Tener una pareja conlleva, saber respetar cuáles son sus decisiones y hasta donde estás permitido a transigir para estar con ella.  Supongamos que dos personas se conocen una noche, y se empiezan a gustar. Ambas son independientes, está implícito en su carácter. Todo comienzo siempre es bonito, porque empieza con una fase de descubrimiento en la que ambos sujetos descubren cosas del otro. Pero esta fase solo dura unos meses, no llega al año ni de broma. Y ahí es cuando comienza el reto.

Las personas tenemos una serie de principios, de ideas básicas que nos definen como persona. En base a ellos tomamos nuestras decisiones. Por ejemplo, si alguien no tolera que le contesten mal, probablemente reaccionará con enfado si su pareja le grita alguna vez. Es más, le dirá que no se vuelva a repetir. Pero ¿qué ocurre cuando uno mismo se calla y admite que esto ocurra? Obviamente, comienza la decadencia de la relación. El principio de perder tu centro, y enfocarlo en tu pareja.

Una vez salí con una chica muy independiente, tanto que era bastante difícil verse. Yo, como persona independiente que soy, no tenía al principio ningún problema en que ella actuase de ese modo. La conocí con esa característica y la aceptaba. Pero, al tiempo, ella se dio cuenta que yo también era independiente y no le gustó la idea. Decidida como era, me planteó que le gustaría que pusiera un poco de mi parte y ahí es donde yo cometí mi error. Si uno de tus valores es ser independiente, no podrás cambiarlo en la vida. Podrás explicárselo a tu pareja y hacerle ver que es intrínseco a tu persona, y de ella dependerá si quiere o no aceptarlo, si sus valores personales se lo permiten. Desgraciadamente, no hice eso. Me volqué más en la relación, y poco a poco, fui desplazando mi centro a su vida. Empecé a notar con el tiempo que verla solo una o dos veces a la semana no era suficiente, que, aunque me invitará a acompañarla con sus amigos, no era suficiente. En mi cabeza solo había una idea, pasar tiempo con ella. El máximo posible.

Si no la veía, sufría ataques de ansiedad, ¿y cómo los expresaba? Con indiferencia hacia ella. Utilizaba el silencio como arma, hasta que explotaba. De tanto tiempo con malestar no sabía ni expresarme, ni entendía lo que me pasaba. El poco tiempo que pasábamos juntos, lo destrozaba con mis silencios y mi ansiedad. Lo peor de todo es que mi subconsciente me pedía a gritos cortar la relación porque estaba harto de sufrir tanto ataque de ansiedad. Pero el subconsciente no manda sobre la consciencia, y al final me echaba hacia atrás, pidiéndole perdón por mi actuación lamentable. Obviamente me había vuelto un dependiente emocional de ella, la relación estaba podrida y ella se dio cuenta y lo dejó.

¿De quién fue la culpa? ¿De ella por no darme más tiempo? No, de ella no. Ella hizo en todo momento lo que pensó que era lo correcto. Ver a sus amigos, era lo correcto para ella. Viajar, salir o hacer cualquier cosa con ellos de vez en cuando, era lo correcto. El culpable de la ruptura de mi relación, no era nadie más que yo. Solo yo podría haber parado a tiempo lo que no me gustaba de la relación. En mi persona existía la opción de decir: “lo siento, si vamos a vernos tan poco, no es lo que busco”. Incluso en el momento que me pidió verme más, decirle: “haré lo que esté en mi mano, pero soy así y tendrás que aceptarlo.” Nunca debes perder tu centro, nunca. Porque si lo pierdes, aparte de agobiar a la otra persona, acabas perdido en un mar de envidia, celos y baja autoestima; y te aseguro que eso no es amor.

Tras la ruptura, y viendo que mis ruegos de volver el mismo día no tenían sentido. Me retiré e intenté ver que ocurría conmigo. Saber cuál era el fallo que me había llevado por sexta vez a sufrir este dolor tan grande por alguien. Analicé mis relaciones, observando los detalles de cada fallo, de cada punto de similitud. Empecé a descubrir que había muchos puntos en común que demostraban que tenía una mochila con problemas que no había solucionado. Descubrí que en todas las relaciones que había tenido me habían elegido ellas a mí y no al contrario. Vi que los fallos de la búsqueda de aceptación por parte de mis padres seguían implícitos en mis relaciones, como un lastre que me seguía a donde iba. En definitiva, buscaba recibir amor encadenado para no aceptar la realidad, que el amor viene de uno mismo y no de los demás. Uno, debe quererse a sí mismo, debe respetarse a sí mismo, si no, nunca podrá dar amor en una relación. Debes llegar a ser independiente emocional en la relación. Se trata de compartir tu vida, no de vivir la del otro o hacer que ella viva la tuya.

Con muy poco tiempo empecé a sanarme, a encontrar mi centro. Mi ex nunca volvió, y tampoco fue mi intención recuperarla. No nos engañemos. A ella le debo que me abriera los ojos ante mi gran problema, pero pasada una la semana tras la ruptura, nunca estuvo en mi cabeza recuperarla. Por una simple razón: Ella nunca estuvo enamorada de mí. Es triste, sí. Pero no es malo, al revés, es algo bueno, porque imaginaros que de esto me doy cuenta cuando llevamos dos años. O mejor, imaginar que me hubiese aguantado mis ataques de ansiedad como un robot, y al tiempo me doy cuenta de que estaba solo en la relación. Sería frustrante, un auténtico infierno.

Hay un dicho que es totalmente cierto, quien te deja, si te quiere vuelve… Y si no, mejor haberlo perdido. Así son las relaciones, y es muy importante que si sufrís de dependencia emocional hagáis terapia. Porque salir solo de ahí, es casi imposible. Yo tuve que hacer y las primeras semanas son horribles, te sientes como un yonky esperando que la persona que te dejó se arrepienta. Lo peor de todo, es que sabes que, si se arrepintiera y hubiese contactado contigo, hubieseis vuelto para nada. Porque todos tus traumas, tus celos, tu ansiedad volverían a la palestra y acabarías volviendo a romper.

Toda situación mala, siempre tiene su lado bueno. Y gracias a esa chica que tanto quise, conseguí vaciarme mi mochila sentimental. El día que conozca a esa persona que cuadre con mis valores, tendré que darle las gracias a ella, aunque sea de un modo mental.

Recordar siempre que todo al final pasa, tanto los malos momentos como los buenos. Al final solo quedan recuerdos que no producen ninguna sensación de dolor. El ser humano está capacitado para superar cualquier cosa, siempre que te hagas amigo del tiempo. Sin él, es imposible.

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