Te lo dije…

 

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El sudor del vaso resbala por mis dedos, mientras tus ojos golpean mi despejada frente. Ríes ante cada tontería que suelto. Es difícil asimilar que esto tiene un final. Cuando la música acabe, cuando los focos se apaguen y todo quede en una frágil penumbra, de mí dependerá conocerte o no. Hasta ahora solo te he hecho sonreír ante mis absurdas críticas musicales. Decido conocerte, al menos esta noche. Y cuando todo termina, tú y yo seguimos ahí, rompiendo el silencio de la noche. Mis tonterías. Tus carcajadas.
Decidimos seguir al resto. Hablan algo de un pub que casualmente es al lado de mi casa. Yo digo de ir a otro sitio, en el que pinchan unos amigos, pero en el fondo lo sabes, me da lo mismo. Solo quiero conocerte, echarme en un banco contigo y preguntarte por todo. Tu pasado, tu presente, tu futuro.
Entramos en La Peligro (curioso nombre para un pub tan aburrido) y tras probar la cerveza, sonriéndome, me confirmas que no vas a estar más de 20 min. Yo te respondo que lo entiendo, que es normal; y te acercó lentamente hacía mi, mientras mis labios empiezan a empaparse en una humedad de recuerdos, de situaciones similares. El tiempo se para, la música se detiene, y tus ojos secuestran los míos. Ahora ya no soy yo quién acerca a quién. Son ellos, con ese brillo tortuoso, que me obligan a intentar besarte. ¿Cómo es posible que una intención cambie tan fácilmente de dueño? Me acerco directo, mientras el tiempo sigue detenido, convirtiéndose en un aliado nuestro; otorgándonos algo más valioso que la joya más preciada del universo: minutos, segundos, y quién sabe, igual hasta horas. Me gustaría decir que todo fue sobre ruedas, que te besé y acabamos enganchados a nuestros sabores, a nuestras alegrías y tristezas, a nuestras pasiones o decepciones. Pero no, hubo cobra, apartaste tus labios de mi. Y el tiempo, rabioso, volvió a activarse. Iracundo, decidió golpearnos en la cara, convirtiendo las horas en minutos. No era consciente de mi cara de asombro; supongo que debía ser graciosa. Mi intención era clara, apartarme y disfrutar de mi bebida. Pero me agarraste del brazo, nuevamente, atrayéndome hacía ti, mientras tu cara dibujaba una seductora sonrisa. Las luces cayeron, volvió el silencio. Solos tú y yo. Labios pegados en un oasis de ruido desenfocado. Abro los ojos, y solo te veo a ti, congelada en un beso eterno. Miro alrededor mío, intentando averiguar que ha pasado. Algo en el fondo se mueve, una sombra que no conozco, pero que parece intentar advertirme. Me acerco hacia ella, apartando las motas de polvo generadas en el aire. Sorteando figuras que se hacen presentes a cada paso que doy, verificando la sensación de irrealidad que estoy viviendo. Llego ante esa figura y me doy cuenta que se parece a mí. Algo más joven, quizás. Va afeitado, y me mira preocupado. Su gesto, entre compasivo y serio, me indica que va a hablar. Entonces, rompe su silencio con tres palabras: “te lo dije”. Y guiñándome un ojo, desaparece. Miro a todos los lados, le busco entre la oscuridad mientras grito preguntando a qué se refiere con eso. Pero nada, sólo obtengo un silencio por respuesta. El tiempo empieza de nuevo a incorporarse; rápidamente me devuelve a la realidad. Ella está frente a mí, sigue pegada a mis labios. La miro con gesto sorprendido, mientras se separa y me pide que la acompañe a casa. Acepto, pero ese paseo se convierte en una vorágine de preguntas interiores sin respuesta que acaban siempre en una voz susurrando: “te lo dije”.
¿En qué trabajas? ¿Y te gusta? ¿Tienes novio? ¿En serio? Pues que imbécil… ¿Qué haces mañana? ¿Una playa antes de irme? 
Pero la voz, sigue oyéndose, una y otra vez. Disfruta golpeando en mi cabeza, con su enigmático tono alegre, obligándome a pensar, a analizar más la situación. Pero decido pasar, concentrándome más en la conversación, y al final, se desvanece.
Días despues, mientras escribo esto, vuelve a aparecer. Susurrante, alegre, pero esta vez viene acompañada por un recuerdo, una escena olvidada que se dió hace mucho tiempo, y de repente, obtengo mi anhelada respuesta. 
Pero eso, es otra historia, y debe ser contada en otro momento… O nunca. 
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